Existe en la sociedad una diversidad abundante de jóvenes con ideologías, experiencias, y modos de vida distintos; que de alguna u otra forma buscan destacar ante la sociedad misma. Su diversidad pensamiento, sus preferencias, su criterio y todo aquello que conlleva su formación, ha tomado una dirección ambigua y a veces contradictoria.
La sociedad se atreve a juzgar de manera radical el comportamiento humano, en este caso juvenil, sin considerar del por qué de dicha conducta,
calificándola algunas veces de agresiva, rebelde, o carente de educación. El cimiento está enfocado en la familia, su desarrollo está sujeto a influencias sociales, influencias de los medios de comunicación, televisión e Internet principalmente, y una serie de favoritismos artísticos, económicos y políticos.
El joven actual es sinónimo de rebeldía, y su libertinaje se ha acrecentado en los últimos años por la misma incomprensión social, que va desde la familia que lo educó hasta la familia que forma. En muchos aspectos ésta incomprensión se convierte en prohibición y da como resultado la desobediencia. Esto forma una serie de antivalores que denigran la conciencia del individuo y crea una mala orientación en el aspecto social y cultural.
Si se habla de juventud se habla de modernidad, de tecnología de medios informativos bastante desarrollados que forman un papel importante en la comunicación y en la juventud.